
La vida secreta de las palabras de Coixet tiene el mismo problema que Mi vida sin mí: busca demasiado sentido a todo. Personajes tan interesantes no necesitan justificarse tanto. Por momentos parece una parodia de El paciente inglés. Da gusto, igual, ver un rato a Tim Robbins.
A las palabras hay que dejarlas un poco en paz también.
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