
Fui a ver Volver con muchas expectativas. Más por el placer de ver los fetiches de Almodóvar que por el contenido o la narración de la película.
La impresión que tuve con los títulos finales del film es que era una película disfrutable, pero floja. Después, sin embargo, he pensado en la inverosimilitud del argumento almodovariano, en el formato enroscado -no mayor que el público de el director español está acostumbrado a ver. Después me dí cuenta que una película como Volver pertenece a alguien al que le importa un bledo impresionar o sorprender.
Es fetiche en estado emocional, fetiche ibérico transfigurado. Por eso da tanto placer de ver de nuevo a Carmen Maura y a Penélope Cruz (que por suerte no filma tanto de este lado del Atlántico) en las manos del manchego.
Lo más criticable, desde este punto de vista, es la tentación de dar tantas explicaciones. Argumentos que pertenecen a una tradición noir. Pero Almodóvar es noir florido, noir ensoñado, noir lisérgico que no necesita la lógica de relojería de Hichtcock o Hawks para valerse.
Aun con ese detalle, Volver está a la par de La mala educación, que la crítica destruyó, y es, sin embargo, lo más interesante que hizo Almodóvar en 15 años.